Oxitocina · Hormona del Amor

corazon5El Amor es el sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

Es una necesidad vital por lo tanto esta necesidad de amor, de afecto, de protección, de seguridad. En el nacimiento, ese paso del medio fluido al aéreo, se dispara nuestro mecanismo del estrés predisponiéndose a lo catabólico y pudiendo comprometer así la vida; es momento de reservarse para el crecimiento y no de derroche de energía. El nacimiento es el instante en que la vinculación se torna necesaria para la supervivencia, y la complacencia de esta carencia lleva implícita el componente de calma y seguridad, de equilibrio y adaptabilidad. Un mecanismo fisiológico facilita que emerja este aliento de fusión. El sistema oxitocigérgico es el que actúa como protagonista en este engranaje, liberando oxitocina: la hormona del amor.

La oxitocina realiza un viaje desde el hipotálamo a la neurohipófisis y de aquí a la circulación para encargarse de la contracción uterina y la producción de leche maternal, como efectos más clásicamente conocidos. Kertin Uvnäs-Moberg y María Petersson nos cuentan algo más sobre esta sustancia, y la relacionan con comportamientos maternales, sexuales y sociales, con el vínculo materno-filial y el vínculo monogámico.

Para que la producción de la oxitocina tenga lugar, es necesario un sistema vagal activo, un contexto de calma y tranquilidad. La situación actual de intervención y medicalización habitual de los hospitales, dificultan la sensación de seguridad y tranquilidad de la mujer, por lo que puede tornarse complicado el momento de dar a luz. La mujer, al sentirse observada y presionada, pone en marcha su sistema de alerta, lo que entorpece la puesta en marcha del mecanismo de liberación de sustancias del amor, como bien exponen las ideas del médico obstetra francés Michel Odent.

Este sistema vagal activo, necesario para la liberación de oxitocina, puede ser estimulado a través de los sentidos, como el olfato o el tacto, y por factores psicológicos (pensamientos, asociaciones y recuerdos relacionados con emociones positivas y empatía). Sabiendo esto, es evidente que un parto más agradable, sencillo, obvio, asequible y reducido en costes es posible, pues creando una situación de comodidad y bienestar para la mujer, se facilita el proceso, además de potenciar un vinculo materno-filial más seguro.

Es importante que la mujer se sienta segura y confortable en el momento del parto para poder potenciar su sistema vagal y, de esta manera, su sistema oxitocinérgico, de cara a poder satisfacer las necesidades de amor y fusión de su bebé y las suyas propias a través de un buen inicio en la creación del vínculo materno-filial.

En el nacimiento confluyen, por tanto, aspectos fisiológicos, cognitivos, emocionales y comportamentales que facilitan el vínculo materno-filial y en el que el papel de la oxitocina es trascendental.

Un vínculo materno-filial óptimo potencia un apego seguro, e introduciendo la teoría del apego de Bowlby, el tipo de apego creado constituirá la base para la representación del individuo como tal y de las relaciones de éste con los demás. La relación de apego con los progenitores nos servirá para percibir e interpretar las acciones e intenciones de los demás y para dirigir nuestra conducta, por lo tanto, intervendrá en la constitución de nuestra identidad y autoestima.

“El bebé debe ser tocado y acariciado inmediatamente después del nacimiento. Él debe tener el calor de la madre casi continuamente durante este tiempo, de lo contrario todo el contacto físico del mundo no será suficiente” dice Arthur Janov.

Feeney y Noller relacionan, la importancia del apego con el establecimiento de las relaciones amorosas en la vida adulta. En sus estudios, aquellos sujetos con una mejor historia de apego tenían más probabilidad de mantener relaciones amorosas más satisfactorias y estables, y confiaban más en la pareja. Esta influencia es comprensible, ya que es en relación con la figura de apego cuando se aprende a tocar y ser tocados, mirar y ser mirados, etc. Es decir, se aprende a comunicar de manera íntima y lúdica, algo que resulta esencial en las relaciones sexual-amorosas (López, 1993).

El sistema oxitocinérgico se activa en los comportamientos sexuales, por lo que éste ya está presente en el propio momento de la concepción. En este aspecto, pueden tenerse en cuenta las ideas de la doctora Claude Imbert, quien concede una importancia suprema a la vida intrauterina.

Esta íntima oxitocina, a la que tan poca importancia se le da en el estudio académico, resulta estar presente en todos los momentos vitales. Forma parte del equipo de sustancias que intervienen en el impulso de fusión, aliento de supervivencia y potencialidad vital; nace con nosotros y nos acompaña en lo sublime, lo grandioso y excepcional.

Puede parecer casualidad que en toda esta serie de conductas y comportamientos la oxitocina tenga un papel esencial. Podemos pensar también, que es casualidad que la oxitocina intervenga en el hipocampo y el hipocampo tenga que ver con la memoria y los recuerdos; y, que casualidad también, la tendencia a repetir pautas de apego transgeneracionales. Puede que sea sólo casualidad o que la casualidad realmente se llame causalidad.

Inés A.G.