El sentido del olor


OLFATO

El sentido más arcaico, más animal.

Se dice que podemos distinguir varios miles de aromas diferentes.

Esa información olfativa, en forma de moléculas químicas, llega al sistema límbico y al hipotálamo, lugares cerebrales responsables de las emociones, de los sentimientos y de los instintos, y relacionados también con la memoria y la liberación de hormonas.

Por el olfato salvamos la vida al saber que no hemos de ingerir algo en mal estado. Algunos incluso son capaces de oler enfermedades determinadas, o eso he llegado a escuchar de algún profesor en alguno de mis años de estudio.

El olfato nos sitúa en relación a algunos contextos y nos informa sobre ellos.

Qué cantidad de recuerdos que somos capaces de vivenciar con la sola percepción de un determinado aroma. Huele a hierba recién cortada, como hacía mi padre algunos días de verano calurosos. Huele a piscina climatizada y me recuerda los momentos en que aprendíamos a nadar con los compañeros de la escuela. Huele a tierra mojada después de llover y una sensación de limpieza en el aire se transmite a mi cuerpo.

Qué mágico se nos vuelve este sentido al leer “El perfume” de Patrick Süskind y qué potencialidad lingüística para evocar un sentido tan difícilmente descriptible.

Huele, huele y huele.

El portentoso olor de la persona a la que amo.

Se acompaña la vida con olores de tan difícil descripción que es demasiado simple decir que huele bien o mal, porque cuando matizamos un olor determinado dispone éste de tantas meticulosidades que esa polaridad se vuelve superflua.

Tan poderoso el sentido del olfato, que ya lo utilizan como método las marcas comerciales para dotarse de identidad a través de un olor determinado. Y si resulta que es utilizado a nivel comercial, es seguro que tiene un rico potencial como condicionador.

Condicionado también el olor de la comida de hospital para una persona que la asoció a la quimioterapia y, sabiendo esto, podemos traerle la comida de la abuela, la comida que ya unió a gran bienestar y apetito. Y así utilizar la bidireccionalidad en las relaciones del olor con sus circunstancias.

Disfrutemos pues del olor y de todos los viajes que éste nos permite.

Deleitémonos con este grandioso sentido.

Inés A.G.