Reflexionando

Museo Pachamama.Amaicha (3)Preocupa realmente la forma en que la sociedad acalla, cada día de manera más notable, todas esas manifestaciones que el cuerpo nos transmite con el objetivo de parar y reflexionar por un momento.

La reflexión es esa vieja amiga que nos para y nos hace considerar algo de manera detenida. La reflexión podría ser la gimnasia del alma, ese entrenamiento cognitivo del que hablamos tanto a día de hoy, esa actividad que realizaban los antiguos y de donde extrajímos la gran mayoría de conocimientos importantes aún vigentes hoy en día. Pero la reflexión cada día resulta menos atractiva, ya no está de moda, de hecho, es gratis y lo gratis, en esta sociedad, supone que no tiene valor, y al no tener valor social poca gente se interesa por ella.

No hay tiempo para la reflexión. Algunos ni siquiera consideran la necesidad de tenerla en cuenta, aunque existe un pequeño grupo de personas que andan buscando un hueco en sus complicadas agendas para conseguir este encuentro tan anhelado.

Quizás resulta que estamos infravalorando a la reflexión. Y valorándola en todo su ser, me pregunto si podría ser el remedio de muchas enfermedades. Enfermedades que hoy silenciamos con muchas sustancias (drogas y comida principalmente) y también con elementos materiales (coches, ropa, casas, muebles, tetas nuevas, etc…), que realmente tienen un valor en esta sociedad porque, claro!!, tienen un precio!!. No es sorprendente haber conseguido el silencio de la reflexión a través de componentes materiales, pues contamos con muy buenos publicistas que han conseguido unir y asociar las emociones al consumo, y así lo hemos aceptado, enmudeciendo de nuevo esta capacidad majestuosa e innata pero gratis.

¿Y si resulta que todas esas necesidades personales, que creemos solventar con lo material, no han sido satisfechas y permanecen latentes en nuestro organismo? ¿Puede que esto conlleve a algún tipo de desajuste orgánico?

Nos hemos inventado el dinero y nos hemos terminado convirtiendo en él. La eterna pregunta que el ser humano se hace de una u otra manera en algún momento u otro de su vida podría ser algo así cómo ¿Cuánto valgo? (estamos hablando de la autoestima). Entonces, situándonos en nuestra dinámica actual, lo que yo valgo es lo que yo gano, de dinero, claro!. Porque si no hay dinero, no hay valor. Siguiendo en esta línea y teniendo en cuenta la situación actual de crisis socio-económica en la que nos encontramos inmersos, donde una gran cantidad de población se encuentra en situación de inactividad laboral, podríamos plantearnos que la gran mayoría de la población NO VALE NADA porque no ganan dinero. ¿Es esta la información que los mandatarios quieren que nuestros cerebros reciban? Porque resulta que esta información tan agresiva hacia nosotros mismos evidentemente provocará en la mayoría de los casos una sensación de baja autoestima que se corresponderá con un auto-concepto débil y sumiso.

La reflexión termina abriéndose camino en nuestra mente en algún momento. Aunque sea en el momento de nuestra muerte o cuando ella se acerca, la reflexión parece que aparece. Al menos, esto es lo que comentan muchas personas que viven situaciones conflictivas y complejas y que por casualidad terminan realizando algunos cambios en sus vidas.

¿Cuántas veces nos olvidamos de reflexionar sobre nosotros mismos? ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué queremos hacer? ¿Cómo queremos hacer? Inevitablemente toda esta serie de preguntas y muchas más, vienen a nuestro pensamiento de una manera u otra y hemos aprendido (de hecho resulta que hay un máster oficial para ello) a ocultar este cuestionamiento tan necesario con elementos de valor y precio.

La auto-reflexión a veces da un poco de miedo y una conducta habitual ante el miedo es la huida por lo que no es de extrañar que muy habitualmente hagamos uso de nuestra esencia animal. Aún así, otra de las conductas habituales ante el miedo es la lucha y podemos entrenarlos, quizá no para luchar pero sí para negociar en este proceso de auto-reflexión.

Tenemos un cerebro que dispone de una capacidad asombrosa: la plasticidad neuronal. A través de esta competencia somos capaces de potenciar una estructura y por lo tanto una funcionalidad determinada. Podemos aprender a dirigir nuestra forma de pensar en el sentido que realmente decidamos, pero eso sí, hemos de decidir, y para tomar una decisión hemos de ser capaces de reflexionar.

¿Qué pasaría si de pronto empezamos a valorar la tolerancia, la honestidad, la humildad, el amor, el agradecimiento y constructos de este tipo que sabemos que existen, y a veces los utilizamos, pero con los que aún no convivimos? Podemos reflexionar un momento….

Inés A.G.

“No hay mayor necio que el que confunde el valor con el precio”

(Unamuno)